En una ventana está

En una ventana está
sentada, mirando el mundo
que gira a su alrededor
y mientras yo me pregunto:
«¿qué será lo que sus ojos
le enseñan en esta calle
de silencio y de sopor?»
Si es real o no la imagen
que de ese mundo ella ve
yo bien poco que lo sé,
y aun así yo me pregunto:
«¿qué será lo que ella ve?»

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La gallina valiente (parte sexta)

Al cabo de un rato, la gallina valiente paró en seco y preguntó a la ardilla:

―¿El mar es una masa de agua grande y azul?

―Exacto, amiga mía, eso es exactamente lo que te dije cuando nos conocimos, ¿no es así?

―No, quiero decir ―dijo la gallina valiente―, ¿es realmente grande?¿tan grande como el cielo?

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La gallina valiente (parte quinta)

Bajaron por un camino que serpenteaba a lo largo del borde del precipicio y seguía hasta una colina más allá. No fue un camino fácil. Tuvieron que guiar sus pasos con cuidado porque era fácil resbalarse con las piedras. Durante el camino de bajada, la pobre gallina valiente, que no estaba acostumbrada a este tipo de suelo tan distinto al llano y firme suelo de su gallinero, resbaló y cayó. Por suerte, cayó encima de un romero, por lo que no hubo más daño que el parecer un pollo sazonado con hierbas y listo para meter en el horno.

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Bajo el cálido sol de primavera

Bajo el cálido sol de primavera
sopla la todavía fresca brisa.
El estío se acerca ya a su vera,
pero tenemos tiempo, aún no hay prisa.

Descansa, dulce flor, bajo el aroma
suave de la azalea y de la rosa
y la paz que en su pétalos asoma;
duérmete, linda flor, cual verso en prosa.

Descansa, dulce flor, en primavera,
descansa porque es pronto todavía,
duerme mientras el tiempo así lo quiera,
duerme, que todavía no es el día.

Esbozo: Pablo en un callejón

«Aquí deben de estar reunidos todos los gatos del mundo», pensó Pablo mientras se adentraba en el callejón. Los había de todos los colores y tamaños: negros, pardos, rubios, rallados, manchados… y el hecho de que el sol se acabara de poner no contribuyó a hacer la imagen más halagüeña. A su derecha, Pablo vio una farola que arrojaba su luz sobre un gato siamés. Debajo de un seto, había otros dos gatos, uno rubio a rayas y otro de color gris. Por el rabillo del ojo vio corretear a uno más por encima de un tejado. Todos y cada uno eran distintos, pero todos tenían algo en común: todos lo observaban a él.

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La gallina valiente (parte cuarta)

Al cabo de un rato, el camino que había indicado la ardilla empezó a subir hacia arriba y pronto los árboles habían desaparecido, reemplazados por arbustos pequeños al principio y por rocas y hierba más tarde. La gallina valiente las miró maravillada, pero pronto su maravilla se tornó en sospecha.

―Esto es muy interesante ―dijo―, pero ¿cómo se supone que debo comer aquí? Casi todo está cubierto de roca, y no creo que tenga la suerte de encontrar gusanos debajo de esta hierba…

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